Angina de Ludwig, qué es y qué debemos saber

11 diciembre, 2019
Angina de Ludwig, qué es y qué debemos saber

La angina de Ludwig es una enfermedad odontológica e infecciosa producida por varios tipos de bacterias que pueden propagarse desde un diente inferior afectando a los tejidos blandos situados en el suelo de la boca y alrededor de la lengua, por lo que se trata de una complicación que tiene su origen en un proceso infeccioso dental y que puede desviarse hacia la lengua, la mandíbula, encías, dientes o las vías aéreas. Esta infección puede causar tal inflamación que puede llegar a bloquear las vías respiratorias provocando una gran dificultad para respirar y pudiendo ocasionar, en los casos más graves, incluso la muerte.

Este tipo de infección se propaga de una forma rápida y silenciosa y se produce generalmente en la población de menor edad, en ancianos o en personas inmunodeprimidas, como puede ser tras la aplicación de inmunosupresores para reducir o suprimir la capacidad de una respuesta inmune tras un trasplante o enfermedades de origen inmunitario. Además, también puede afectar a personas adultas con una mala higiene bucal, después de la extracción de una pieza dental, tras una fractura de mandíbula, etc.

Sus síntomas pueden ser: dolor a la palpación debajo de la lengua o mandíbula, dolor al abrir la boca, fiebre alta, escalofríos, dificultad para tragar y respirar, dolor en el oído, dolor cervical, inflamación y enrojecimiento del cuello, babeos, taquicardia, dificultad para hablar, cansancio, confusión mental… Su diagnóstico se basa especialmente en el examen clínico hecho mediante la exploración de la boca y, una vez diagnosticado su tratamiento, debe iniciarse de la forma más adecuada y urgente posible para prevenir la aparición de posibles complicaciones, ya que se trata de una situación de emergencia en la cirugía bucal y maxilofacial.

El tratamiento de la infección dependerá del estado de avance en el que se encuentre la infección, recurriendo a la administración de antibióticos como la penicilina o clindamicina por vía intravenosa, además de poder ser necesario prevenir la obstrucción de las vías respiratorias del paciente y mantenerlas abiertas, dando lugar a la intervención de un cirujano maxilofacial y de un otorrinolaringólogo para efectuar un drenaje quirúrgico del absceso. De este modo, se puede llegar incluso a necesitar la intubación o colocación de un tubo de respiración a través de la cavidad oral o la nariz hasta los pulmones para mantener las vías respiratorias operativas. Asimismo, en casos de extrema gravedad puede ser necesario llegar a practicar una traqueotomía.

A mayores, también es necesaria la intervención de un odontólogo para tratar la patología que haya originado el proceso de la angina de Ludwig como una periodontitis, caries, fractura, etc. Por ello y tratándose de un problema serio para la salud, nuestro consejo es que toda aquella persona que necesite la atención de un odontólogo para tratar la angina, se ponga en contacto con el doctor Lázaro Caravaca, experto en periodoncia y microbiología oral de la Clínica dental Mesiodens, con más de 30 años de experiencia, por lo que está plenamente capacitado para informar, asesorar y resolver cualquier duda y problema que se presente ante el tratamiento más aconsejado.

Otra de las complicaciones más graves que se pueden dar en la angina de Ludwig es la presentación de una sepsis o septicemia, una infección generalizada producida por la perforación del vaso sanguíneo que permitiría la entrada de bacterias al torrente sanguíneo. A causa de ello, el cuerpo libera unas sustancias para combatir la infección que desencadenan una inflamación generalizada que altera la circulación sanguínea, causa daños en órganos vitales, disminuye la presión arterial, el corazón se debilita y termina por producirse un choque septicémico en el que el paciente puede llegar a morir.

Cuando se presenta una sepsis o septicemia, debido a su gravedad, generalmente es tratada en las unidades de cuidados intensivos para tener al paciente siempre y en todo momento bajo control médico. Los síntomas más frecuentes son fiebre, escalofríos, taquicardia, sarpullido, desorientación, respiración rápida, confusión, etc. y, para diagnosticarla, los médicos deben realizar una analítica de sangre para determinar si hay un número anormal de glóbulos blancos o bacterias infecciosas presentes en la sangre. A mayores, también pueden ordenar la realización de una tomografía computarizada para localizar la infección y realizar su tratamiento a base de antibióticos, si bien algunas infecciones ya no se pueden curar con antibióticos debido a que se hacen resistentes a ellos. Aún así, por suerte, muchas personas sobreviven a una sepsis y recuperan su vida con total normalidad, si bien otras pueden quedar con alguno o varios órganos vitales dañados o con alteraciones en el sistema inmunitario, lo que las convierte en más vulnerables ante otras infecciones.

¿Quiénes son las personas con mayor riesgo de sufrir una sepsis?

Aunque todos somos vulnerables, lo cierto es que las personas con un mayor riesgo de sufrir una sepsis son los bebés, ancianos o personas con problemas médicos graves, como trasplantados, diabéticos, personas con sida, enfermos que acudan a diálisis, que presenten cualquier tipo de cáncer, tengan problemas hepáticos, etc.