Cambios en el sector vinícola

19 octubre, 2018
Cambios en el sector vinícola

Este dos mil dieciocho es un año que probablemente pase a los anales de la historia de nuestro país por varios motivos. Y entre ellos no estará que España cambió de seleccionador apenas un par de días antes de iniciar el mundial de Rusia, ni tampoco por lo reforzada que ha salido España con el nuevo seleccionador.

El fútbol será algo secundario, ya que al contrario que a principios de década, la economía está tomando forma y levantando el vuelo. Este año se conocerá como el año en el que volvieron las inversiones en el sector privado, aunque como en todos sitios, la información a veces debe de cogerse con pinza.

La construcción es uno de esos sectores de los que hablamos, y en este sector se ha reactivado las nuevas construcciones y se han acabado las que quedaban pendientes. Aunque la realidad es que si está aumentando las ventas de piso es sin duda en los pisos de segunda mano, que se están vendiendo gracias a que el crédito fluye de nuevo.

Y tampoco podemos olvidarnos del Brexit, que en nuestro país está afectando a aquellos ciudadanos británicos que decidieron comprar casas en España. Ahora, estos ciudadanos están vendiendo sus propiedades (a veces con coche incluido) y están siendo comprados por otros ciudadanos de la Unión Europea.

Pero hay otro sector que destaca en España, y que es reconocido a nivel mundial gracias a la calidad de sus productos, marcas y denominaciones de origen. Sí, nos referimos al vino, néctar que alegra las mesas y que durante muchos años ha hecho que levantemos la cabeza cuando veíamos que en los grandes eventos se servían caldos españoles.

De hecho, han surgido grandes bodegas en nuestro país incluso durante los años de crisis, como Bocopa, un grupo vinícola ubicado en Petrer que cultiva, produce, embotella y comercializa casi la mitad de la producción de los vinos de Alicante, siendo un referente del sector a nivel nacional e internacional.

El sector vinícola está sufriendo un cambio de tendencia causado por la salida de la crisis y las nuevas tendencias en consumo. Ahora la lucha se orienta a conseguir incrementar precios e imagen en las exportaciones, mientras se sigue consolidando el incremento del consumo interno.

El reto de competir en las exportaciones mientras se mantiene el consumo interno

El pasado 15 de marzo la Federación Española del Vino (FEV) celebró su Asamblea General de Socios donde se repasaron, entre otros aspectos, a los principales retos del sector español del vino en el corto y medio plazo. Así, en su informe anual 2017 sobre el sector alertan sobre la escasez de producto detectadas principalmente debido a producciones cortas entre los principales productores mundiales y de forma coincidente, que llevan a que, pese a tener existencias todavía comparativamente no muy bajas, el comercio mundial se ralentice en litros y los vinos se encarezcan de forma generalizada.

A la espera de ver cómo evoluciona la cosecha 2018 en el hemisferio sur, “la gran duda”, informa la FEV, es cómo pueden reaccionar los mercados a ese relativo encarecimiento. Para el organismo, entre los efectos positivos de este encarecimiento estaría el posicionamiento de los vinos españoles en un segmento premium más elevados de precio e imagen; y entre los negativos, el estrechamiento de márgenes y la posible pérdida de consumo y clientes.

Destaca la FEV, que la cosecha del 2016 fue algo superior a la estimada al inicio de la campaña y, pese a las variaciones en las cifras finales (como ha ocurrido en muchas campañas precedentes, lo que da una idea de la imprecisión de las estimaciones), quedó estimada en unos 43,22 millones de hectolitros. Si a ello le sumamos las existencias iniciales en julio del 2016 (también infravaloradas al inicio de campaña en 31,3 millones según la estimación del balance y casi 33 millones según la corrección que el MAPAMA presentó unos meses más tarde), el reto del año – sumados los apenas 50 millones de litros de importaciones – consistía en vender algo más de 76,1 millones de hectolitros.

En términos de equilibrio entre oferta y demanda, si España mantuvo sus producciones – o incluso las aumentó – al tiempo que perdía consumo nacional y destilaciones, y ese excedente generado tuvo que ser exportado con urgencia y a bajo precio, mayoritariamente a países vecinos con mayor tradición comercializadora, la recuperación ahora del consumo nacional y la estabilidad de las destilaciones, unidas a producciones más limitadas, quitan presión a las salidas internacionales y permiten su revalorización.