La industria de productos frescos y biológicos experimenta un gran crecimiento en los últimos años.

13 diciembre, 2019
La industria de productos frescos y biológicos experimenta un gran crecimiento en los últimos años.

En este último año la campaña contra el cambio climático y el peligro del consumo de plásticos ha hecho más ruido que nunca, derivando en otras campañas cada vez más sonadas como la de concienciar acerca de qué contienen los productos que compramos y cómo afectan al medioambiente, y de cómo nos alimentamos y cómo afecta esto a nuestra salud. España por su parte, se coloca a la cabeza de la Unión Europea en producción y exportación de productos biológicos, ecológicos y sostenibles.

Tal y como avalan numerosos estudios realizados por expertos del sector de la agricultura y horticultura ecológicas, la producción ecológica en España ha experimentado un importante auge desde sus inicios en la década de los 80 ocupando en estos momentos el primer lugar en superficie de agricultura ecológica de la Unión Europea y entre los cinco primeros del mundo, con un consumo interno creciente y un notable volumen de exportación. Por primera vez en la historia, España ha entrado en el Top 10 mundial tanto por volumen de mercado interior -1.686 millones de euros, así como por el crecimiento interanual -13%-.

Dentro de los grupos de productos ecológicos, las hortalizas, frutas, tubérculos, legumbres y frutos secos ocuparían la primera posición en cuanto a la producción y comercialización. Esto quiere decir que la sociedad en nuestro país cada vez presta más atención al clima, a su entorno buscando que sea sostenible, a prescindir de plásticos en la medida que les sea posible, pero sobretodo, a la calidad de la alimentación. Gracias a las campañas emprendidas en Europa durante los últimos años para concienciar a la población acerca de la cantidad de químicos nocivos que ingerimos a diario y que pueden derivar en problemas digestivos y de nutrición, la sociedad ha comenzado a mostrar una mayor preocupación por los alimentos que compra y con los que alimenta a su familia.

Es por esto que el comercio de productos frescos y biológicos ha crecido de manera considerable en este último año, así como las pequeñas tiendas que abastecen con alimentos alternativos a los que estamos acostumbrados a encontrar en un supermercado. Estos últimos, por su parte, se han sumado a la iniciativa de abastecer con productos biológicos reservando algunos pasillos a alimentos de este tipo, lo que podríamos tomar como una invitación a probar productos de carácter ecológico y sostenible y comenzar a sustituirlos por aquellos que llenan nuestras neveras y despensas y que son, a la larga,  altamente nocivos para nuestra salud y la de los nuestros. Las personas que han incorporado hace tiempo estos productos a su dieta, prefieren asistir a pequeños comercios donde encuentran alimentos de calidad y siempre frescos. Con su compra, además de tener la certeza de que están adquiriendo un producto de calidad, biológico, ecológico y sostenible, dan apoyo a estos comercios para que puedan seguir distribuyendo este tipo de alimentos concienciados y comprometidos con la salud de las personas y el planeta por mucho más tiempo.

Las palabras que acabo de emplear más arriba (biológico, ecológico y sostenible), son las que deberíamos buscar en el etiquetado de los alimentos que vayamos a comprar si queremos contribuir con el medio ambiente además de cuidar nuestra salud. Ahora bien, ¿qué significan estas palabras? Biológico quiere decir que el alimento no ha sido alterado genéticamente ni contiene productos químicos; ecológico, por su parte, que se trata de un alimento que desarrolla todas sus etapas de crecimiento y producción como en la naturaleza y sin intervención artificial; y sostenible, que el proceso por el cual el alimento ha sido cuidado hasta que ha llegado a nuestras manos, ha sido en todo momento respetuoso con el medio ambiente. Hasta ahora, curiosamente, no hemos empezado a exigir que los alimentos que compramos y que ingerimos contengan estas características, cuando en realidad debería de ser obligatorio y no anecdótico. Por suerte, cada vez disponemos de más información y medios para que esto sea posible.

¿Cómo se lleva a cabo este proceso?

El proceso para que todo esto pueda llevarse a cabo consiste en la colaboración de todos los eslabones de la cadena del sector alimentario, desde los agricultores y ganaderos que cuidan la materia prima, desde las hortalizas, las verduras, hasta los animales y los productos que obtenemos de ellos, como la carne, los huevos o los lácteos: también el propio envasado, siempre reciclable o biodegradable y nunca de plástico, pasando por el propio medio de transporte que hace posible que los productos lleguen frescos y cumpliendo todos los estándares y exámenes de calidad pertinentes. Muchas empresas de transporte han prestado oídos a la demanda de la sociedad y de estos comercios en cuanto a la sostenibilidad exigida en todos los puntos de este proceso, empresas pioneras como Grupo Caliche ofrecen en sus servicios la garantía de la ventilación y renovación del aire constante de las cámaras de sus transportes para asegurar la misma temperatura y así evitar que los alimentos, en especial frutas y verduras, se pudran por el camino contagiando a los alimentos cercanos; minimizar el riesgo de un fallo en la cadena de frío reduciendo el viaje al mínimo tiempo posible para que el producto llegue cuanto antes a su destino; o  las exigencias de máxima limpieza de sus vehículos para evitar una posible infección de personas intolerantes al producto anteriormente transportado.

Estas y otras medidas son altamente vigiladas en el comercio de productos biológicos, por lo que, si bien es cierto que puedan resultar menos económicos, no existen en el mercado otros productos alimenticios que puedan brindar tantas garantías de calidad y de sanidad como éstos. Por todo lo aquí señalado, concluimos afirmando que el sector de productos biológicos, ecológicos y sostenibles ha de seguir creciendo, por lo que debemos adoptar este estilo de vida cuanto antes, invirtiendo en nuestra salud y en la de nuestro propio planeta, exigiendo que las industrias alimentarias adopten inmediatamente estas características y así garantizar a las próximas generaciones un mundo mejor y más respetuoso.